Más de un millón 100 mil mujeres asociadas a cooperativas de ahorro y crédito
Bogotá, 10 de marzo de 2026. El sector solidario se ha convertido en uno de los instrumentos económicos para la equidad de género en el país, si se tiene en cuenta que la participación femenina en cooperativas de ahorro y crédito supera ya la cifra de 1 millón 118 mil mujeres.
De esta cifra, 214.913 mujeres son madres cabeza de familia, según datos del Sistema Integrado de Captura de la Economía Solidaria (SICSES). Es decir, dos de cada 10 asociadas son cabezas de hogar, lo que implica un avance social y económico fundamental que se ha dado durante el Gobierno del presidente, Gustavo Petro.
Según el informe del SICSES, “Esta base social femenina representa un activo estratégico para la estabilidad del sistema, dado que su disciplina financiera y vocación de ahorro actúan como amortiguadores ante las fluctuaciones del
mercado”.
No obstante, en Colombia todavía hay desafíos y asignaturas pendientes en materia de cierre de brechas de género. Por ejemplo, en materia de inclusión financiera, la desigualdad femenina está determinada por factores como el acceso a un empleo formal.
La Superintendenta de Economía Solidaria María José Navarro recordó que “las mujeres que, por ejemplo, se dedican al trabajo no remunerado, difícilmente pueden acceder a productos o servicios financieros. En ese sentido aún hay un trabajo arduo por hacer para permitirles el acceso equitativo al sistema financiero formal”.
Según el DANE, la tasa de ocupación masculina se situó en el 72,5%, mientras que para las mujeres fue del 47,8%, lo que representa una brecha de 24,7%. No obstante, esta diferencia no refleja una menor participación de las mujeres en el trabajo total. De acuerdo con la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado, en el periodo 2022-2023 las mujeres aportaron el 57,1% del total de horas trabajadas en la economía.
Las mujeres trabajan más, pero devengan menos
El 65% del tiempo de trabajo de las mujeres corresponde a actividades no remuneradas, frente a aproximadamente el 23% en el caso de los hombres. Las mujeres trabajan 1,3 veces más tiempo al trabajo que los hombres, debido a su mayor participación en el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
En este contexto, la menor inserción femenina en el empleo remunerado no responde a una menor carga de trabajo, sino a la asignación desigual de responsabilidades de cuidado y a su mayor concentración en actividades informales.
Estas condiciones limitan la capacidad de muchas asociadas para transitar desde esquemas de inclusión financiera básica hacia procesos sostenidos de acumulación de capital que fortalezcan su autonomía económica.